6 mar. 2015

Por la incorporación del test “Patriarca sorete” para obtener la Licencia de Conducir

“Esa mina maneja bien… casi como un chabón”
“¿Y qué querés? Seguro es una mina, porque un tipo no te hace esa maniobra”
“-Estoy cansado, ¿quién maneja?
-Yo, cambiemos.
-No, estoy cansado y si maneja una mina no me duermo ni loco jaja”
“Mujer al volante, peligro constante”.
“Si manejás a tu marido como manejás el auto debés ser muy cornuda”
“Que maneje tu novia, así nos reímos todos un rato”.

A ver, no es que hay que traer una lupa y mucha voluntad para entender que el ámbito de la conducción de vehículos es uno completamente cargado de mandatos machistas y de prejuicios de género.
El argumento es bastante bárbaro y primitivo: si sos mujer, manejás mal el auto, si sos hombre, lo hacés bien.
Más allá que las estadísticas muestran que las mujeres respetamos mucho más las normas de tránsito, que tenemos menos incidentes y que generamos menos “gastos a los seguros” en nuestro uso del automotor.
No importa. Históricamente, la mujer en la casa, el tipo en la calle… entonces la ciudad (lo urbano, la calle, la vereda, el transporte, lo público) quedaba en dominio masculino.
La mujer -que tiene un padre, un hermano y luego un marido- no necesitaba manejar, porque de eso se encargaban los hombres y la llevarían y dispondrían de su tiempo (porque ella, en realidad, siempre debía estar en la casa, y eso de salir “era darle un gusto nomás”).
Tiempo que pasa y las mujeres además de encargarse de todos los asuntos de la casa, terminan también saliendo a trabajar afuera de la casa; tuvieron que independizar su uso del espacio público y se volvieron transeúntes.
Acá surgió un problema (o varios resumibles en uno): los juicios y las acciones discriminatorias de estos “sujetos siempre urbanos callejeros” frente a estas “otras” (esto aplica también para el acoso callejero y explica por qué salir a la calle presupone que una deba estar expuesta a un desafío de la belleza gestionado por tipos de la más diversa clase y profesión).
Así las cosas, las mujeres llegamos al “arte del manejo” de esta manera:
  1. Vapuleadas por padres/maridos que NO quieren enseñarnos a manejar porque NO tienen paciencia o porque nosotras NO aprendemos rápido como "deberíamos".
  2. Furtivamente, aprendiendo en el poco tiempo que nos queda entra otras de las 138 cosas que hace por día, mientras que otra amiga nos enseña.
  3. Cargando con todos los miedos que cada una trae consigo, porque desde chicas nos indicaron que las mujeres no son buenas manejando, porque no se pueden concentrar en una cosa, porque están muy ocupadas de su estética, porque usan tacones altos, porque somos dispersas, porque “la calle es para hombres”, porque somos muy dependientes, porque somos muy competitivas, etc. etc. etc.
  4. Haciéndonos cargos de puteadas y bocinazos varios (está demostrado que los hombres suelen agredir a las mujeres al volante porque ellas no hacen las infracciones que ellos hacen, y por lo tanto, eso hace demorar más tiempo, por ejemplo, si en vez de atropellar y asesinar a una anciana que cruza en su ley, una la deja cruzar en tiempo).
  5. Siendo sometidas a presiones que provienen desde adentro del auto que manejamos y desde afuera del mismo. Léase: del señor patriarcal que quiere pasar primero sólo por ser hombre, aunque la prioridad reglamentaria la tenga la mujer a la que él acaba de agredir y gritarle “andá a lavar los platos”; y de aquellas y aquellos que vienen dentro del auto, que pueden decir cosas como “papá dice que él maneja mejor que vos”, “me da miedo andar con vos en auto porque sos mujer”, “ayyyyy cuidado eh, que vos sos un peligro”.
  6. Siendo especialmente víctimas de burlas y comentarios desagradables de los “zorros” o policías de control de tránsito… Incluso algunas deben padecer propuestas desagradables o comentarios sobre su ropa y look (porque, vamos, que la discriminación se acumula).



Claro, tenemos que ir en el auto, diciéndoles al nene que deje de gritar y a la nena que no se saque el cinturón, algo que probablemente los hombres no hacen, PORQUE SU RESPONSABILIDAD EN LA CRIANZA DE LXS HIJXS ES MUCHO MÁS REDUCIDA QUE LA NUESTRA por portación indigna de género.
Claro, cómo no terminar cometiendo algunos errores si tenés CONSTANTEMENTE UN CORO DE HIJXS DE UNA CAMIONADA DE MIER## gritándote lo mal que lo hacés, lo mucho que te vas a equivocar y el peligro que sos para la sociedad.
Claro, cómo no vamos a manejar cansadas, si TRABAJAMOS LA MISMA CANTIDAD DE HORAS QUE ELLOS AFUERA DE CASA, Y ADEMÁS NOS ENCARGAMOS DE LA LOGÍSTICA DEL HOGAR, QUE HAYA COMIDA Y DE NO OLVIDARNOS UN CRÍO EN EL SUPERMERCADO.


Yo armaría una combi llena de elementos cortantes necesarios para poder darle contenido al slogan “Mujer al volante, peligro castrante” y a partir de la acción, ver cómo evoluciona el dominio de los espacios públicos.