2 feb. 2015

"Mirala a esta, ¿Cómo le da bola ese tipo?" - 7º Post de ira feminista, o 1º Post de desesperación

  1. “Mirala a esta. Yo me arreglo, me pongo las pilas, adelgazo, me maquillo y estoy soltera. Explicame cómo hizo esta gorda para conseguirse ese novio”.
  2. “Boluda estoy viendo a una turista que tiene un tatuaje hermoso en la pierna, pero es muy grande para mina y es muy de puto para tipo”.
  3. “Decime qué le vio este tipo a esta mina, te lo pido por favor”.
  4. “(Dama) - Mirá el pantaloncito que se puso. Se le nota toda la celulitis. Un asco. (Caballero) – Bueno, mientras que a ellos no les dé asco. (Dama) – A él le debe dar asco y sino pobre pibe, debe ser ciego o estar muy desesperado”.
  5. “Es impresentable. Tiene rollos por todos lados. No sé cómo se la coge ese tipo”.


Estas son 5 muestras de algo así como 25 comentarios que recibí en la Ciudad de Buenos Aires en los últimos 30 días, mientras andaba con “el alemán” de paseo, hablando inglés como idioma de encuentro.
La Ciudad de Buenos Aires y sus habitantes, todxs jactadxs de ser cool, openminded, abiertos, de todo-friendly.
Lo que más impacta, claro está, es que los 25 comentarios fueron expuestos por mujeres. Por congéneres de la persona agredida. Por otras que, seguramente, en otros espacios, han padecido el mismo nivel de maltrato y agresión. Otras que también son víctimas de la bellocracia. Otras que también han de sentirse observadas en muchas ocasiones.
Estas otras (que calculo no tendrán ningún tipo de reflexividad de género) sintieron cierta impunidad al creer que yo no entendía español, o quizás simplemente no les importaba porque así funciona el capitalismo y así funciona el patriarcado: generando competencias y distinciones.
En una de las ocasiones miré a la quejosa y le dije “mirá que yo te entiendo lo que vos decís, eh”. La respuesta fue brillante: dio media vuelta sin responderme. ¿Para qué hacerlo? Yo era la demostración clara de que los parámetros patriarcales nos impiden desarrollar la solidaridad de género. Era la enemiga (que encima osaba ser gorda, tener celulitis y curtirme a un rubio que, seguramente, le resultaba mucho más deseable, apetecible y bello que yo).
Pero es así, finalmente, como funciona el dominio masculino. Es en estas “sutileza” (que por favor, dejemos de creer que son sutiles, porque son bestiales) donde se reproduce todo un conjunto de distanciamientos, enemistades, competencias, jerarquías de belleza.
Todos basamentos sobre los que luego los tipos fácilmente pueden ser ese manojo desagradable de hijos de la misma mierd* que comúnmente son.
Porque no sólo se crea un sistema de belleza, no sólo se fuerza a todo el mundo a pertenecer a él, no sólo se erige sobre él un negocio, no sólo se establecen reglas de juego y de intercambio social en torno a él, sino que a la mujer se le exige aún más, a la mujer se la sanciona más si no obedece (a veces por resistencia mental, otras por resistencia física), y a la mujer se la juzga más si no encaja. Son los hombres y somos las mujeres las que reproducimos este mecanismo.
Es como la famosa frase “la cagó con una vieja” o “con una gorda” o “con un bagallo” que sirve como de demostración de cuán pelotudo es ese que abandonó “al bonboncito” por ese otro pedazo de carne con defectos.
NO, chicas.
No es más o menos copado que nos dejen por una más linda o más fea.
La celulitis no es causal de asco.
La bellocracia de la que son víctimas no es “natural” y no pertenecer a ella no es “sancionable”.
No, no todo el interés sexual está puesto en lucir o no maquillaje, ir o no al gimnasio, tener o no dinero, andar o no en auto.
No, no es que están “solteras” porque un batallón de gordas con el culo lleno de pozos les robamos los chongos y los golpeamos hasta que estén tontos y no tengan otra cosa que hacer que quedarse pegados a nuestros rollos de más. No, todas las mujeres heterosexuales padecemos las mismas problemáticas a la hora de encontrar tipos con los que relacionarnos, porque hay una cosa llamada patriarcado (y otra llamada capitalismo que funciona bastante parecida a veces) que genera desigualdades, roles estancos, productoras de amor y responsabilidad vs. productores de comodidad y desentendimiento.
No chicas, no se equivoquen. No hicieron ningún acto heroico al escanear mi cuerpo y relatar uno por uno todos mis "defectos físicos". Tampoco lo hacen cuando dice “es gorda, pero debe ser copada” o “las gordas en la cama son mejores”, porque eso sólo insinúa que por ser “deformadas corporalmente”, tenemos que ser mejor en otras cosas, como para contrarrestar o compensar.
Tampoco es genial que digan que aunque somos gordas nos vestimos bien, o somos limpitas.


En serio, compañeras, empecemos a trabajar un poco más el temita del género, porque al ritmo en el que el patriarcado se acelera y se vuelve más violento, al ritmo al que se cargan 65mil mujeres al año en feminicidios, al ritmo en el que la paternidad irresponsable se hace más y más popular, al ritmo en el que el mercado laboral castiga cada vez más a las mujeres, al ritmo en el que Latinoamérica presenta los índices más altos de anorexia y bulimia en adolescentes femeninas, al ritmo en el que aumentan los abusos sexuales y las violaciones, a este ritmo (que no es divertido ni amerita bailarlo) si nosotras no podemos respetarnos entre nosotras y armar una red de solidaridad de género para resistir y luchar, compañeras, estamos cagadas.

Les dejo un abrazo grande. Con cariño, la gorda con celulitis.

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