23 abr. 2014

Mauricio Macri: tiene usted un correo nuevo.

Macri:
Antes que nada, decirle que estuve 18 minutos-reloj buscando la palabra protocolar para comenzar esta carta y, como bien verá, no pude hallarla. Usted no es ni querido, ni colega, ni estimado, ni apreciado, ni amigo, ni señor, ni compañero, ni reconocido, ni distinguido; y como prometí que haría una carta que fuera digna de ser entregada personalmente y pasar todos los “controles” de ceremonial que se establecen en estas cosas, decidí ponerle simplemente su apellido, del cual usted está orgulloso y nosotrxs temerosos (tanto por usted como por su padre, claro está).

Usted dijo recientemente que “en el fondo, a todas las mujeres les gusta que les digan un piropo. Esas que dicen ‘que no, que me ofende, no les creo nada. No hay nada más lindo que te digan ‘qué linda sos’, por más que esté acompañado de una grosería así que no sé, te digan ‘qué lindo culo que tenés’, está todo bien, no? Es algo que…” y un resto balbuceante de comentarios aberrantes que incluían que la mujer “no puede perder el filtreo y la femineidad”.
Yo no es que pretendo que usted lea mi blog y sepa algo de lo que algunas mujeres (no tan pocas, por cierto) consideramos sobre los piropos, tampoco le voy a solicitar que haga un estudio pormenorizado sobre la temática, pero lo que debería usted tener a bien es pedirle a alguna asesora o algún asesor que lo ponga a tiro con las publicaciones sobre género y estereotipos de los últimos 70 años, dado que la data que usted maneja estaría atrasándonos más o menos a la década del ’40.

Su expresión  “ahora piropeo menos, porque mi mujer me mata, si veo una mujer linda hoy, desde un lugar casi como un observador pasivo retirado, capaz que le digo, no hay nada más lindo que la belleza de la mujer, es para lo cual, casi, te diría, que los hombres respiramos” me recuerda lo mucho que el mandato de belleza femenino insiste en sobrevivir incluso en las condiciones más deplorables.

Lamento repetirme a mi misma, pero frente a comentarios ridículos y repetidos, no queda más que, una y otra vez, volver a decir aquello que ya se ha dicho, a ver si a su “miente, miente que algo queda” le contraponemos mi “desenmascara, desenmascara que con suerte capaz se avergüenza y se esfuma”. Cito, entonces algo que escribí con anterioridad: Que una deba someterse a la “prueba de la belleza Ace” aplicada por algún transeúnte hombre que una se cruce, quien puede arriesgar palabras absolutamente horrorosas o relativamente simpáticas según su agrado, eso no es normal, no está bien, no debería ser así y no es para lo que los hombres nacieron ni para lo que las mujeres existimos.
Que la auto percepción de lo linda o elegante que una se encuentra dependa de que algún tipo te diga “mi amor, te doy hasta que me pidas auxilio” o “gorda, aflojale a los postres” o en su versión mix “gorda, te doy hasta que adelgaces” no es algo de lo que usted deba estar orgulloso y mucho menos que reproduzca públicamente. Usted siempre puede guardar sus opiniones referidas al género (y a las de política, de paso… mejor todas sus opiniones) en lo más profundo de su foro interno, y para asegurarnos la jugada, guárdelos en lo más profundo del interior cerrado con candado de su foro interno (los pensamientos retrógrados y conservadores suelen escabullirse fácilmente).

El machismo, como estructura patriarcal de dominación, se construye y reconstruye de diversas formas. Las “expresiones” más primitivas del mismo, se van reconfigurando en nuevas expresiones. ¿No me va a decir que usted creía que machismo era sólo pegarle a la mujer y tenerla confinada a la cocina, no? Bueno, me entiende, seguramente. Así es como el machismo muta, se hibrida, para sobrevivir en el sistema, acompañando, por ejemplo, los cambios en el mercado laboral capitalista. A pesar de esto, que asumo ha de ser difícil de comprender para usted, queremos felicitarlo con admiración porque usted no se ha aggiornado y se mueve en la fase primigenia del mismo. Es decir, si usted mañana golpea a su esposa o escupe públicamente sobre la cara de una mujer en la calle, no estará salteando ninguna etapa ni regresando en el tiempo. Usted es parte del precámbrico machista.

Se supone que, según la Real Academia Española, piropo es lisonja y lisonja es la alabanza generada con el fin de injerir en la voluntad del otro. Bueno, en ese caso le diré una lisonja: “Flaco, con esas nalgas, podrías renunciar a la Jefatura de Gobierno e irte bien a la Mierda”.

Con el sincero deseo de que mi piropo surta efecto en usted, me despido atentamente.


La mujer que odia los piropos, que no “coquetea” y que cree que tus parámetros de femineidad son tan despreciables como todos los otros parámetros que tenés.