19 jul. 2013

El mito del soltero codiciado**

             Parece que una vez cada cierta cantidad de meses, mis amigas me colaboran con jugosas historias de desamor que inspiran la escritura de una nueva entrada en este deteriorado y fuera de moda blog. Como claramente nos relacionamos afectiva-amorosamente de manera patológica (inducido culturalmente, socialmente impuesto y todo lo que quieran decir para no sentirse tan patológicos) las historias jugosas que me cuentan tienden a ser de ese estilo.
               Me apersono en este blog con toda esta perorata para que terminemos con la mentira del tipo que “teme” que una mujer lo “atrape” y le quite la libertad. O del casado que recomienda a todos sus pares solteros “no te cases, las minas son todas iguales: se hacen las buenitas para atraparte y después te atan, te hacen unos pibes y te cagaste la vida”.
               Estoy acá para que terminemos con el mito del soltero codiciado, con el idiota que corretea detrás de decenas de mujeres, con el grito de “libertad” y “no compromiso” que esconde una perversa incapacidad de tener responsabilidades humanas (y dije humanas, no románticas) con alguien.
               Esa idea de que, estando con alguien, pierden esa “innumerable cantidad” de posibilidades de tener sexo alocado con cientos de mujeres que CLARAMENTE, una vez que están solteros parece que se escondieran debajo de la tierra.
                 Esa idea de que si desarrollan sentimientos por alguna mujer seguramente habrá algo ahí afuera que se pierden, que es genial, porque “el sol siempre brilló más en otra parte” y esa parte es la soltería.
Esa idea de que hay que dudar y “alejarse a tiempo” porque sino “pierden horas” de ese cuerpo ardiente deseado por un cúmulo de mujeres imaginarias.
                 Esa idea de que la mujer es se les “enamoran” porque ellas deliran y en seguida “quieren ponerse de novio” y “tener hijos” como si ustedes no colaboraran activamente a la “creación de ese delirio” y no fuera responsabilidad compartida, sostenida en un chamuyo masculino de “levante”.
              Esa actitud de sorpresa cuando la mina se siente mal porque le salís con el discurso del soltero codiciado, libre y sexualmente activo cuando hasta hace 2 días antes le jugaste la del novio fiel, presente y cariñoso.
Reaccioná, salame, sos grande y parecés un animal depredador de bar en bar con el mismo discurso patético de pibe perdedor cada vez menos pibe y cada vez más perdedor.
Se te caen las sotas del bolsillo cuando, tras armar un show de seducción y de amor, lo desarmás con el discurso del soltero codiciado que no quiere tener cercanía afectiva con nadie y que está "cansando" de que las "minitas" se le enamoren. Ellas que te parecen patéticas y fabuladoras porque, oh! qué ridiculez!, se sienten novias tuyas cuando hace meses la jugás de novio y oh! qué desubicadas! confiaron en lo que insinuabas (cuando te movías en ese gris de "hacerle sentir que es tu novia para que ella te haga sentir deseado" y después puedas decirle lo mucho que otras te desean).
          Agradecé, desabrido que cada vez que llegás a tu casa tenés a una mina que te mira con cariño y una noche, de vez en cuando, con el hígado de hierro que la caracteriza capaz hasta te permite que la toques. Y ni que hablar de esa otra pendeja, que a veces soñás “comerte” y que, como este sistema patriarcal le carcome la cabeza a para que se subordine a vos, capaz hasta te da bola y capaz hasta se te enamora.

No me jodan más, no existe tal cosa como el soltero codiciado, no existe tal cosa como una manada de mujeres esperándolos y no es más que una bajeza usar ese discurso, esa postura y esa actitud para tapar la incapacidad personal, socialmente incentivada, de hacerse cargo de las situaciones afectivas en las que se envuelven y de las situaciones que prometen en el momento de calentura y se les olvidan una vez que se calentaron con otra cosa.

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