13 may. 2010

Sagrado Lampazzo, ven a limpiar esto, que es un asco... En ti confío. Amén

Qué semana, por favor, qué semana. Varios ídolos se han caído y otros tantos están tambaleando, agarrándose del pedestal, pidiendo a gritos no ser destituidos.

Cuando una se entera de cosas turbias de algunos sujetos que antes conservaba en alta estima, no sabe exactamente qué hacer. Es en esos momentos cuando vuelve a brotar en mí la admiración más profunda a la corriente lampasceana.

Benito Lampazzo [1], hijo de Jouseppe Lampazzo y Marie Fleur Sintoignaine. Nacido en la Italia de 1889 —con el centenario de la Revolución Francesa— un soleado y frío 22 de enero[2].

Erudito conocedor de artes, filosofía, matemáticas, geografia, antropología y ciencias naturales. Ávido militante del anarquismo más pronunciado, murió en situaciones misteriosas, y el hecho de su desaparición despertó diversas sospechas entre los historiadores más reconocidos.

Popular entre los amigos como Tito Lampazzo, anduvo detrás de un sueño que nunca pudo alcanzar. Creador y teórico ninguneado por la historia. Fue el padre de dos aportes conceptuales inigualables: el “barrido Final” y el “Sumum Fallutum”. Ambos conceptos fueron reapropiados y reformulados por diversos autores y escritores que plagiaron y readaptaron impunemente su obra.

Barrido Final: la noción se leyó por primera vez en uno de sus libros iniciales, perteneciente al período “joven Lampazzo”. La misma remite a la idea de eliminar cualquier resquicio o rastro de un estadío anterior al que se pretende alcanzar. Subyace la idea de que posterior al barrido final, las condiciones de vida serán altamente mejoradas. Era tan amplia su aplicación, que podría ser desde olvidarse de una relación dolorosa, como hacerse vegetariano, romper con el sistema capitalista y hasta asesinar al vecino. Todo era perfectamente explicable desde la teoría barridista lampasceana. Se sospecha que la noción “la solución final” hitleriana, fue malhabidamente inspirada en este innovador aporte.

Summun Fallutum: concepto del latín, perfectamente traducido al español actual como “alto falluto”. Expresa el sentir de los actores más marginados, cuando son profundamente traicionados por aquellos seres en los que depositaron su confianza.

El aporte a la praxis política del lampascianismo supone la creencia en que cuando la clase desposeída reconociera el summun fallutum histórico de las clases dominantes, realizarían el llamado “barrido final” exterminando las condiciones de existencia de aquellos que los explotaron, destruyendo al Estado y fundando el “Hombre Nuevo”, concepto reutilizado por un famoso escritor latinoamericano: Ernesto Guevara.

Todo esto para decir que, luego de haber descubierto el Summum fallutum, he comenzado el Barrido Final.

A la hora de querer justificar sus acciones, “muchos inventan teorías, pero muy pocos inventan a un teórico” (Mera, 2010).



[1] Su nombre inspiró la denominación del elemento utilizado en la limpieza de los hogares. La pérdida de una Z y su escritura actual "lampazo" se debe a una mala traducción del italiano al francés y, posteriormente, al español latino.

[2] Cualquier semejanza con la realidad de quien les escribe, es pura coincidencia.