20 feb. 2009

A 51 días del año nuevo...

Bienvenido, simpático y esperado año 2009.
No sé cuan simpático pero si sé cuan esperado.
Sin mas vueltas ni introducciones, tenemos un disparador; una pregunta básica:
¿por que la gente le atribuye a los nuevos años propiedades sanadoras?
Y por consiguiente ¿por qué consideran que “el año que viene llegará lleno de ilusiones cumplidas y sueños hechos realidad”?
No es mi intención convertirme en “la topadora” de los años nuevos, pero si desmitificar el rol curativo del paso del 31 de diciembre al 1 de enero:
El trabajo deleznable que tanto odiabas el año pasado, lo seguirás teniendo mañana, en año nuevo.
Tu pareja —que engordó, se deprimió, cambió de psicólogo 12 veces y descubrió que en otra vida fue la cantante estrella de “Jem & The holograms”— no mutará cual Cenicienta de la noche a la mañana ni entrará en razones y se convertirá al normalismo de tu vida cotidiana.
El alquiler —que triplicó su valor desde que te mudaste a esa casa— no volverá a sus 400 pesos iniciales, después del año nuevo.
Los últimos tres finales para recibirte de la carrera que venís cursando desde hace siglos luz —que en realidad eran mas pero nunca quisiste aceptarlo— no se convertirán mágicamente en uno, por la bendición del cambio de año.
No señores: los impuestos, esos que no paraban de subir escalonada y no escalonadamente, no van a dar una abrupta rebaja por la dicha del año entrante.
Y así muchos ejemplos mas que me surgen y me resurgen. No van a cambiar de parecer los políticos respecto al transporte público. Ni la gente idiota va a dejar de serlo. Ni va a solucionarse tu problema de acné. Ni te van a votar para representar al gremio de “las botineras” para que pasees con todos los jugadores de futbol que te gustan.
Nada, absolutamente de nada, de todo lo que podés imaginar va a alterarse por el MERO hecho de que se cambie de un año al otro. Insisto, busquemos otra forma, por que depositando nuestra total esperanza en ese suceso tan inventado como el cambio de fecha, sólo vamos a lograr una enorme desilusión cuando a las 00.01 descubramos que todo, absolutamente todo, sigue igual.

P/D: Lo sé, me he convertido en el Grinch del Año Nuevo.